Darle vida al metal
Jueves, 22 de Octubre del 2026

Darle vida al metal

Darle vida al metal

Después de una búsqueda espiritual profunda, nació en Satori Sol Morales la necesidad de expresarse de otras formas. Y así llegó la escultura a su vida. 
 
¿En qué etapa de tu vida nació en vos la vocación por lo artesanal?
Simpre me gustó lo artesanal, pero la verdadera vocación por la escultura, nace en mí hace unos 15 años atrás. Actualmente tengo 46. Alrededor de los 30 años, comencé una búsqueda espiritual profunda; Empecé a meditar, practicar Merkabah (que es parecido a la meditación). Esta práctica hizo que fuera naciendo en mí la necesidad de expresarme de otras formas. Y así llegó la escultura a mi vida.

¿Tiene el acero cualidades que percibiste tempranamente al comenzar tu recorrido artístico?
El acero me conquistó desde la primera vez que nos conocimos. El proceso de creación, donde hay mucho ruido, chispa y calor, es una fiesta para mí, así como también me lleva a un espacio de silencio. 
El acero inoxidable me robó el corazón, no sólo por sus caracteristicas más nobles, si no también por el hecho de que solemos conectar con estos materiales de una forma fría... Lo encontramos en armas, objetos punzantes. Poder llevar el material a otro espacio donde se pueda admirar, disfrutar desde otro ángulo, darle vida, una emoción. Eso me apasiona.

¿Cuáles son tus principales fuentes de inspiración?
Mi principal fuente de inspiración es la vida misma, la naturaleza, El alma, el universo, el amor, no como sentimiento sino como frecuencia.
Me encanta llevar al espectador a espacios de paz, de quietud, transmitir mensajes de que sí podemos evolucionar como almas. Creo que es bueno recordarnos que somos mucho más que nuestro estuche: Somos almas, somos amor, somos frecuencia. Y desde ahí creo que podemos lograr grandes cambios como humanidad.

¿Qué herramientas o habilidades personales aportan recursos a la hora de crear?
Una de mis mayores herramientas es el Merkabah, esta práctica espiritual que te comentaba al principio que practico.
Otra que no sé si es una habilidad, porque a veces algunos me dicen no, ahí tenes un don... A lo que les reespondo: Mi único don es la constancia. Soy muy constante, además de que me gusta salir de mi zona de confort... Cuando pasa eso, te toca muchas veces empezar de cero, aprendiendo distintas técnicas, distintos materiales que, con la constancia, uno va aprendiendo. Y sí, cuesta movilizarse, hacer capacitaciones, apoyarnos en personas que ya pasaron por esa experiencia y te ofrecen su sabiduria. Eso creo es mi mayor habilidad: Aceptar que hay muchísimas cosas que no sabemos y que podemos aprender todo el tiempo. Aprender de cero algo, si bien al principio es angustiante porque uno ya conoce de otro material y de otras técnicas que ya domina. De repente, volver a cero cuesta bastante. Lo siento como saltar al abismo... Eso me trae una misteriosa libertad. 

¿Cómo imaginás tu futuro profesional?
Si hay algo que me apasiona, que me encanta... Es hacer obras de gran formato.
Me gusta mucho que estas obras generalmente son para espacios públicos, espacios donde cualquier persona puede verlas. 
Me veo creando obras de gran escala que transmitan paz y conciencia, presentes en lugares públicos, donde el alma de la gente pueda conectarse con el arte. Sigo en formación contínua. La constancia y la práctica espiritual me sostienen mientras avanzo hacia proyectos monumentales cada vez más ambiciosos.